I don’t belive in God, I believe in CLINIQUE

CLINIQUE

La pubertad causó estragos en mi persona. A los trece años comenzó el primer brote de acné que me acompañó hasta ya entrada la Universidad y que me llevó a hacer un recorrido en el que probé todos los tratamientos faciales que puedan imaginarse: desde mi primera loción astringente (un curioso envase de Elizabeth Arden que contenía una sustancia color azul), productos naturistas de herbolaria, pastillas que sólo lastimaron mi hígado hasta microdermoabrasiones – que no recomiendo bajo ninguna circunstancia.

Durante mucho tiempo, viví pensando que eventualmente el acné se detendría de manera natural y que ya no tendría que preocuparme por tratarlo. Por momentos, se manifestaba más fuerte, en otros, parecía que jamás había padecido de este problema que aqueja a miles de personas alrededor del mundo. Un dermatólogo (el único al que visité) fue honesto conmigo: “tienes 16 años, hay una feria de hormonas en tus sistema, y hasta que ésta se detenga, pasando los 21, vas a continuar con este problema”.

 Los 21 llegaron (¡y pasaron!) y, en efecto, el acné me abandonó como lo hicieron muchos recuerdos de la pubertad. Aún con su despedida, los estragos permanecieron en mi cara. No ayudó del todo que me mudara a vivir a un lugar en la que el agua es sobre-mineralizada y el ambiente en extremo seco. Durante algún tiempo, no presté atención a cuidar mi rostro. Concluí que el lavarlo con jabón y ocasionalmente con algún astringente, sería suficiente para mantener un buen cuidado… estaba equivocado.

El mes pasado, a raíz de una sobreexposición a artículos sobre el cuidado de la piel, decidí iniciar un tratamiento no tan sólo para controlar los daños del pasado sino también para proteger el mayor (y uno de los más importantes) órgano de mi cuerpo: mi piel. En este caso, específicamente el área facial. Al salir a buscar algún producto que se adaptara a mis necesidades, me topé con la línea de CLINIQUE dirigida para hombres.

A través de un sencillo sistema de tres pasos (limpiar, exfoliar, humectar), dos veces al día hago uso del liquid face wash (en mi caso, lo compré extra-fuerte), seguido de 2.5 scruffing lotion, y finalmente, una loción hidratante. A este ritual añadí también el gel revitalizante de ojos cansados. Sin ánimos de sonar como promotor de la marca fundada en 1968, esta es la primera vez que noto resultados benéficos en tan poco tiempo. No tan sólo siento mi rostro más hidratado sino que también he notado ya los efectos del gel refrescante de ojos, ¡las ojeras han disminuido! Este es un tratamiento que realmente recomiendo.

 Dejé de creer en Dios desde hace mucho, ahora creo (y siempre creeré) en CLINIQUE.

 Para conocer más de esta línea, visiten http://www.clinique.com.mx/productos/hombres

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