Nuevos comienzos, a lo Jacobs

Change

Hoy me puse a pensar en Marc Jacobs. Hace un par de semanas se anunció que el diseñador neoyorquino ya no se desempeñaría como Director Creativo de la marca Louis Vuitton.  Aparentemente, la decisión de abandonar la Casa de Modas francesa está motivada por un deseo de enfocarse en la línea que lleva su nombre, Marc Jacobs International Company. “Un nuevo comienzo” fue lo primero que pensé al enterarme de esta noticia. Llega un momento en la vida de todo ser humano, bueno, en la mayoría de los casos, en la que somos motivados por un ímpetu de renovación, unas ansias de caminar por nuevos caminos, y así empezar de nuevo.

Hace apenas unos días, me enteré que Jacobs había terminado con su novio de un par de años, Harry Louis. Leí que el rompimiento se debía a que por razones de trabajo (uno diseñador, el otro actor porno) jamás encontraban tiempo para estar juntos. Incompatibilidad en la agenda, por utilizar un término propio de medio sensacionalista rimbombante.

Ambas noticias me han dejado pensando en los cambios radicales que suceden en nuestra vida. Sea cambiar de ciudad por motivos laborales o académicos, dejar de tener contacto con ciertas personas, dejar ir a otras, etc., el cambiar permite enfrentarse a lo nuevo, domarlo, adecuarse a él. El cambio representa ciertamente una transgresión a lo cotidiano, es el abandonar X para ir en búsqueda de Y, o bien, de X1.

“¿Qué tanto cambia Usted?” debería ser una pregunta que se planteara con regularidad, tanto como “¿ya comiste?” o “¿ya leíste ese libro?”. Mudar la piel, tener una rutina distinta, un plan de Domingo diferente, una agenda llena de actividades únicas, caminar por la banqueta derecha en lugar de la izquierda, bajarse una parada de autobús antes, tener otra opinión. Sea, el cambio, grande o pequeño, no importa, es algo nuevo. Punto. ¿Da miedo? A veces. ¿Es necesario? A veces, también. Evolucionar. Adaptarse. Ir siempre hacia delante, y sólo mirar hacia atrás cuando sea necesario.

“¿Qué tanto he cambiado?”, pregúntese. Ahora que también lo pienso, esa interrogante va acompañada de un “¿y soy feliz así?”. Si la respuesta es afirmativa, está bien. En caso de que no lo sea, habría que seguir cambiando de trabajo, de entorno, de personas, de pensamientos, de banquetas, como lo hace una estación…a lo Jacobs, para bien.

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