Extraños

A Adrián, cuyo pasatiempo favorito es hablar con extraños.

Hoy estuve un largo rato sentado junto a alguien que no conozco. Una persona ajena a mi. Extraña. Desde hace mucho tiempo he sentido una gran fascinación por este tipo de personas: los extraños. Suelo pasar largos ratos sentados en cafeterías, en bibliotecas, en terminales, etc., viendo a la gente pasar.

¿Cuál es su nombre? ¿A dónde van? ¿De dónde vienen? ¿Los espera alguien en casa? ¿Se sienten solos? ¿Han estado enamorados? ¿En qué piensan antes de dormir? ¿Beben café al despertar? ¿Cuál es su historia?

Me gusta crearle historias a los extraños. Historias que son por mí y para mí. Anónima y efímera conexión que nace en ese momento. Asignarle un contexto al transeúnte que camina a prisa. Dotar de identidad al desconocido que se encuentra a mi lado. Reinventar la historia de amor de la pareja que se toma de la mano. Imaginarle una vida mejor al vagabundo que pasea acompañado de unos perros. Identificarme con el hombre que ve a su hijo alimentar a unas palomas.

Observar a esos extraños pasar. Verlos ser. Y así aceptar lo que es, lo que no, lo que podría.

Si me encuentro leyendo un libro, me gusta pensar que una de las inspiraciones del autor fueron los extraños que se encontraban, en su momento, a su alrededor…anónimos que se convirtieron en los personajes que me acompañan mientras bebo café.

Quizás Salinger vio durante la guerra a un chico perdido al que le dio el nombre de Holden. Quizás Wilde desde su ventana vio a un estudiante desesperado por encontrar una rosa. ¿Reparó Chéjov en la misteriosa dama que paseaba con un perrito? ¿Se encontró Maupassant a una Matilde que lloraba por haber perdido un collar? A lo mejor Pacheco, viajando en barco, conoció a dos personas que pensaron que podían desafiar al tiempo.

Quizás todos ellos, y los demás, fueron extraños antes de ser personajes. Posiblemente algunos ni siquiera llegaron a saber que se convirtieron en habitantes de mágicos universos literarios.

Me pierdo entre los extraños; y a pesar de que no hablo con ellos, como lo hace Adrián, ahí, estando entre desconocidos, imaginando sus historias, inventando otras…no me siento tan sólo.

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