La pieza de la semana: Flower Thrower, Banksy

“When the time comes to leave, just walk away quietly and don’t make any fuss”.
-Banksy.

 

No recuerdo cómo fue que supe de la existencia de Banksy. Creo que fue en 2010, cuando se estrenó el documental Exit Through The Gift Shop. No lo sé. No es relevante.

Lo que sí recuerdo es la primera vez que vi la pieza de esta semana: Flower Thrower. Ésta aparece publicada en el primer catálogo que reúne la obra de este artista urbano: Wall and Piece. El esténcil en cuestión, el cuál muestra a un sujeto lanzando un ramo de flores (generalmente se pensaría que alguien en esa posición está por lanzar una granada o algo similar), aparece publicado junto a la historia que lo inspiró:

En noviembre de 1989, Nicolae Ceaușescu fue re-electo, en medio de un incipiente descontento social, como Presidente de Rumania. El 21 de DicFlower Thrower, Banksyiembre, mientras el recién “votado” Ejecutivo proclamaba un discurso frente a la población de Bucarest, un hombre que se encontraba entre el público comenzó a gritar “¡abajo Ceaușescu!”. Para sorpresa del gobernante, los ahí presentes continuaron con el grito comandado inicialmente por el solitario hombre. El repudio hacia el político no era individual. Era colectivo. Ahí iniciaron los disturbios.  En cuestión de minutos una enojada masa de individuos irrumpió en el recinto en el que el Presidente se encontraba. Como se anota en el catálogo: “la revolución inicio ese día…y en menos de una semana Ceaușescu estaba muerto”.

Esta obra gráfica representa, a mi parecer, que sin importar la suciedad en el ambiente, la claridad y lo diáfano aún pueden encontrar lugar. Existir. Los silencios se vuelven ruido. Lo no iluminado de repente se vuelve fluorescente. Una granada se vuelve un bouquet de flores. Y todo hace explosión.

Sea criticando a la esfera social, rechazando la estirpe de una determinada clase económica, o simplemente denunciando el absurdo, Banksy subraya las letras pequeñas del contrato que todos y cada uno de nosotros hemos firmado en nuestra mente. Entre el artista y el yo hay un diálogo. Uno sumamente sutil. Uno que invita a pensar, criticar y, quizás en algunos…pintar. A imaginar una ciudad diferente:

“Imagine a city where graffiti wasn’t illegal, a city where everybody could draw wherever they liked. Where every street was awash with a million colours and little phrases. Where standing on a bus station was never boring. A city that felt like a party where everyone was invited, not just estate agents and barons of big business. Imagine a city like that and stop leaning against the wall – it’s wet”.  

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