Carta al domingo

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No sé por qué insisto en escribir la primera letra de los días de la semana con mayúscula. Tampoco sé por qué te tengo tanta aversión. Quizás tenga que ver con el hecho que un día Domingo tuve que aprender a estar solo.

Tú y yo nos encontramos cada seis días. El patrón siempre es el mismo. Se repite. Copas de vino. Café.  Mi globo terráqueo. El instante previo a la lluvia. Los libros que tengo en mi librero. Nostalgia. Fotografías. Intempestivas sonrisas. Miedo. Ausencia de color. Pasar más tiempo en la regadera. El olor a lavanda de la terraza del Museo Amparo.  Reír lo proporcionalmente a llorar. En fin. Sujetos sin predicado.

Este fin de semana he estado un poco triste. Incluso he llorado un rato.  El viento propio de octubre me ha sorprendido. En pleno junio. Incluso se escucha el ululato. Sí, yo tampoco creo que esa palabra exista. No me importa lo que diga el diccionario.

Me desperté y estuve un momento dando vueltas en mi cama. El tiempo suficiente antes de comenzar a sentir ansiedad. Preparé café. Eché ropa a la lavadora. Desayuné pan tostado. Le escribí a María, quien vive en un uso horario distinto. Y luego me puse a pensar en eso que pienso cada seis días, cuando nos encontramos: en cómo hacerle frente a la soledad que implicas.

Domingo. Y el recuerdo de la misa de doce. El apretarle fuerte la mano a mi hermana durante el Padre Nuestro. El regaño que venía después.  Domingo. El día que mi abuela comenzó a morir. Enseñándome por primera vez lo que es extrañar a alguien. 

Domingo. Y un Mundo cada días más ajeno. Impropio.

Domingo. Y las despedidas que han ocurrido en un día como hoy. ¿Quieres saber la verdad? Soy pésimo. No importa cuántas veces lo haga. Nunca aprenderé. Irónicamente, hoy tengo que volver a hacerlo. Despedirme. Ya se está volviendo costumbre.

Domingo. La respuesta de él cuando le dije que no estaba seguro qué haría un día como hoy, pero de Enero. Cuando nos despedimos. – Not really sure what I’ll do today. – Do something fun. Él. El color de sus ojos cambiaba de verde a azul cuando lloraba. Thank you for bringing me here. Y otras cosas que hoy son sólo un recuerdo.

Domingo. Abrir Grindr para ver a gente que realmente no deseo tener cerca. Carajo. La discriminación dentro del gremio LGBT (y sus múltiples letras) inicia ahí. Estoy seguro de ello. La gente y sus complejos.

Domingo. El día en el que mi padre me preguntó “¿Eres gay?”. Domingo. Decirle a mi madre “soy gay” en el pasillo de Historia de una librería. 

Domingo. Y mi colección de ropa interior. Masturbarme más de la cuenta. ¿Te incomoda leer eso? A mi me incomodas tú.  Domingo. El tiempo pasa más lento. Y yo sigo aquí. Con una Tesis por escribir. Con veintitrés años de educación que no sé a dónde canalizar. Con la frustración que me provoca mi clase de periodismo. Con el saber que con cada día que pasa soy más parecido a mi papá. No me estoy quejando de eso. Todo lo contrario. Domingo. Y escuchar la melodía de esa película que tanto me gusta, en la que me emocioné por primera vez. Y descubrir que alguien la ha asociado con “Joven Triste en un Tren”, de Duchamp. Y la foto de la Mona Lisa que cuelga en el estudio. A la que, a manera de homenaje, le pinté barba y bigote y le escribí “L.H.O.O.Q.” 

Domingo. El café se enfría mientras salgo a correr. Mientras los pasillos del primer lugar en el que viví fuera de casa continúan siendo fríos. Y estando vacíos. Se escucha el silencio en esos espacios llenos de personas que no saben a dónde van. Sólo van. Y sé que también tienen miedo. Y sé que también te detestan. O tal vez ya han aprendido lo que yo no, a lidiar contigo.

Y pensar que hubo una época en la que estuvimos bien. ¿La recuerdas? Invertía en ti. En revistas de moda. En discos de Ella Fitzgerald y Frank Sinatra. Y pasaba largas horas en ese lugar que me hace sentir como Holly Golightly se sentía en Tiffany’s.  Quizás algún día eso vuelva. Quizás no.

Domingo: mi no-lugar.

No duras. Eres transitorio. Eres risas con sus respectivos antónimos, las lágrimas.  Eres esta carta. O un intento de ello. Una anáfora. Una despedida. Él. Yo. Xalapa. La Torre Latinoamericana.  Un aeropuerto en la madrugada. El cumpleaños 88 de Marilyn Monroe. La absurda política de un Country Club. Playa de Jícama. Lo que soy. Lo que no.

Un sinsentido.

Y un sujeto… 

Y un predicado que intento escribir

cada                                                 

seis

días.

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