Ocho de noviembre

Sucedió hace dos años. Un jueves, una tarde fría, poco parecida a la de hoy, en un lugar en donde ya no vivo, pero al que regreso de vez en vez. La luz artificial sobre el adoquín de la calle. El viento. Un momento que aún siento.

“Mañana es mi cumpleaños”. Pensé. De repente: lágrimas. Involuntarias. Me acompañaron hasta mi departamento. Junto a nosotros anónimos conductores circulaban a prisa. Lágrimas que aún intento explicar. Lágrimas que sólo suceden. ¿Por qué? Porque sí. No hay argumentos. Sólo un hecho. Algo que se ha vuelto una rutina. O más bien un ritual previo a la celebración del día que nací. Llorar. Por lo que dejo atrás. Por quienes dejo atrás. Por lo que me acompaña. Por lo que espero me espere adelante.

Ocho de noviembre: la antesala de mi cumpleaños, las veinticuatro horas previas al cinco para las tres, el momento que precede al día que espero siempre me haga sentir feliz. Seguro. En casa. Ocho de noviembre: Ocean Avenue. Yellowcard. Fiestas en Gelfer. Una piñata en forma de bate de beisbol. Lo temático: Garfield. Una reunión sorpresa. Carmenérè. A quienes conocí en la prepa. Y una mesa con cuatro sillas distintas. Tan distintas como quienes ansío que se sienten en ellas. Un departamento de dos cuartos.  Un intersticio. O la flor de cempazúchitl que veo cómo se marchita junto al globo terraqueo. El Entierro del Conde de Orgaz. Diez pares de calcetines sobre la mesa. 21 kilómetros. Las modelos de la portada de la revista japonesa que tengo atrás. Una pared blanca. El País. El dibujo de una casa del Pedregal. Mi amiga chilena. O mi amiga que vive en Omán. Un shot de mezcal. El mensaje segundos después de las doce.

Ocho de noviembre. Y la nostalgia. Por el año que ha pasado. Los lugares en los que he estado, las personas que he conocido, los sabores probados, el oído deleitado: los momentos que ya fueron, que hoy ya no son. Unos columpios en un parque en el que se escucha el silencio. El momento más feliz de mi vida. El día que comencé a dejar ir eso que no quería soltar.

Ocho de noviembre. Y las lágrimas.

Mañana es mi cumpleaños…

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