Leonardo, Rafael, Caravaggio: una muestra imposible

Leonardo: antónimo de hiperespecialización –escultor, arquitecto, ingeniero, pintor, músico, exhumador profesional de tumbas. En palabras de H. Taine: un nostálgico de lo infinito. 

Rafael: Pionero del photoshop – empleaba modelos vivos a quienes les eliminaba las imperfecciones en la pintura. Nacido un Viernes Santo. Muerto un Viernes Santo. 

Caravaggio: La delgada línea entre lo profano y lo sagrado. Representaba con las caras y cuerpos de sus amantes a las figuras religiosas que pintaba. 

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Algunas notas:

• No hay hoja de sala especializada. Únicamente la biografía de los tres pintores.  Junto a las semblanzas: una línea del tiempo, comprendida por los años 1452 (año de nacimiento de Leonardo da Vinci) – 1610 (año de la muerte de Caravaggio), que a la vez es una comparativa entre el Nuevo y el Viejo Mundo; léase entre Europa y Mesoamérica, específicamente: México. 

•  Un paralelismo interesante sobre eso que anoto arriba: diez años después de que Rafael concluyera “La Escuela de Atenas” (1511), Tenochtitlán fue conquistada por Hernán Cortés. 

• Mientras una mujer copiaba como desquiciada la información de todas y cada una de las cédulas, su marido fotografiaba las piezas con un iPad. El hijo de ambos: siguiéndolos obedientemente sin saber realmente dónde se encontraba. Qué terror. ¿Por qué los profesores continúan asignando actividades en las que la “interacción con el arte” queda en un acto pasivo? 

• Nunca falta el/la que al momento de estar frente a “La Última Cena” (1495-97) explica la pieza basándose en lo que vio en “El Código da Vinci”. El horror. Dan Brown le ha hecho mucho daño a este mundo. 

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• ¿Cuántos de los aquí presentes ya habrán caído en cuenta que la Mona Lisa no tiene cejas? 

¿Por qué es relevante esta exhibición? Podría pensarse que una (¡otra!) exhibición acerca de la obra de la Santísima Trinidad del Renacimiento aporta nada nuevo. Teóricamente, ésta muestra deja nada. La información ofrecida es meramente lineal, no genera debate, mucho menos realiza preguntas. ¿Por qué entonces considero relevante esta exposición? Simple. En esa pequeña sala se produce el renacimiento del Renacimiento en la Era Digital, Las reproducciones digitales de las diez piezas mostradas no sólo permiten apreciarlas con mayor nitidez (basta hacer una comparación entre “La Virgen de las Rocas” ahí colocada y la que está en El Louvre), sino que también conceden al usuario la oportunidad de acercarse hasta casi topar la nariz con la superficie de la obra. Se elimina así el pedestal en que las creaciones de los tres pintores aparentemente han sido colocadas.  Ya (casi) no hay barreras. 

La digitalización de estas pinturas permite al visitante usar flash al momento de fotografiar una pieza. No hay temor por que ésta resulte dañada. Cosa contraria a encontrarse frente a las originales. En cuanto a curaduría, se deja de lado el preocuparse por mantener una determinada temperatura en la sala para que así las obras no se dañen. Misma situación para lo referente a la intensidad de las lámparas ahí utilizadas (salvo esa que utilizaron para alumbrar la semblanza de Leonardo da Vinci, el reflejo impide leer los primeros dos párrafos, ¿qué no es obvio evitar que eso suceda?). 

No va a ser fácil olvidarme de esto: 

Una mujer me pidió que le tomara una fotografía frente a “La Virgen de las Rocas”. Se mostraba en demasía emocionada. Al devolverle su teléfono, me comentó – sonriendo de manera desmedida – que hace un par de años había visto la original en El Louvre y que ahora al estar de nuevo frente a la pieza, sin importar que ésta fuera una reproducción digital, grandes recuerdos venían a su mente…recuerdos que ella le había asignado a esa obra hecha por Leonardo en 1483 – y esa que Dan Brown menciona por vez primera en ese desastroso libro. Uno podrá pensar lo que quiera sobre esa pintura, o sobre Leonardo, o sobre el Renacimiento en general; pero no se puede negar que al final del día se trata de que alguien no sólo “aprecie” el “arte” sino que también “interactúe con él” o le “asigne un cierto valor (sea monetario, ¿por qué no?, o emocional). Así de simple es la tesis que une subjetividad y apreciación. Y eso aplica para el arte del renacimiento. O el moderno. O el contemporáneo. Lo que sea de cada quién. Lo que le guste a cada quién. ¿Leíste bien eso, Avelina Lesper? 

Salí de la sala con varias preguntas en la cabeza:

¿Qué implica lo digital cuando se hace referencia a un momento histórico-pictórico tan relevante como lo es el Renacimiento? ¿Qué detalles han quedado al descubierto gracias a los escaneos digitales realizados con nuevas herramientas tecnológicas? Aprovechando este asunto de lo digital, ¿por qué no manejar la exhibición a manera de que generara un nuevo diálogo sobre el Renacimiento? ¿Por qué se insiste en más de lo mismo? Sí, la técnica empleada para hacer estas reproducciones es relevante, mucho, pero por qué no hacer una conversación a partir de eso. ¿Por qué exhibir las piezas así, como grandes lienzos? ¿Por qué no colocarlos a manera de que el usuario pudiera “hacerles zoom”? ¿Qué tal una actividad lúdica en la que éstas se modifiquen a través de herramientas digitales? ¿Por qué no volver posible esa supuesta muestra imposible? Al final del día, lo digital ya lo permite. 

“Leonardo, Rafael, Caravaggio: una muestra imposible” se exhibe en el Centro Nacional de las Artes hasta abril de 2015. Más información en http://www.cenart.gob.mx

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