Lo breve, si bueno, dura por siempre

Merlina Acevedo.

El hombre es esclavo de quien cree ser.

El tiempo es el alma de las cosas.

El sabio no lo sabe todo, pero todo le sabe.

El amor deja mucho que desear.

No olvidamos, mantenemos a raya los recuerdos.

El colmo del suicida es hacerse inmortal.

La nostalgia es un catalejo.

El tiempo es doctor, pero no todos somos pacientes.

El tiempo todo lo cura, pero yo prefiero automedicarme.

Necesito un espejo que se guarde su opinión.

Nadie sabe en qué cabeza cabe.

Las coincidencias son las telarañas del tiempo.

No hablo sola, me dirijo la palabra.

Puedo explicarlo todo: no entiendo nada.

Aceptamos que la eternidad cabe en un instante, pero que el instante termine no nos cabe en la cabeza.

La soledad no miente, pero exagera.

El espejo es mi casa chica.

El melancólico se enamora de una tristeza que no le corresponde.

Escribo para saber en qué estaba pensando.

El aburrimiento es el precio de la compañía.

Soledad es no saber qué hacer con la soledad.

Los recuerdos más claros son los inventados.

El amor es una carrera entre la ansiedad y la calma.

Solo, el que no tiene de qué reírse solo.

Lo que nos incomoda del silencio son las palabras con que lo llenamos.

Uno nunca sabe lo que olvida.

Sintió que tenía madera de poeta: era una astilla.

La gente te perdona todo, menos que no le hagas nada.

El colmo del escritor es no tener palabra.

Felicidad, herida que no cierra.

*Imagen:  Sin título (Amantes perfectos) (1987-90), Felix Gonzalez-Torres.

 

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